Didaxis. Revista Educativa, Social y Humanista
e-ISSN: 3121-3006
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Artículo original / Original article
Vol. 1 No. 1, pp. 38-52. / e-38 / Jul-Dic, 2024
Regulación emocional y prevención del
ciberacoso en Unidades Educativas de la
Ciudad de Quito, Ecuador
Emotional regulation and prevention of cyberbullying in Educational
Units of the City of Quito, Ecuador
Brittany Yajaira Paucar Roble
Investigadora Independiente, Pichincha, Ecuador
bri.ya@hotmail.com; https://orcid.org/0000-0002-1924-7500
Bryan Alexander Sarango Quezada
Investigador Independiente, Pichincha, Ecuador
bryanligaq14@hotmail.com; https://orcid.org/0009-0002-2300-6459
Recepción: 01 de septiembre de 2024
Aceptado: 22 de octubre de 2024
Publicado: 30 de diciembre de 2024
Cita sugerida:
Paucar Roble, B. Y. % Sarango Quezada, B. A. (2024). Regulación emocional y prevención del
ciberacoso en Unidades Educativas de la Ciudad de Quito, Ecuador. Didaxis. Revista Educativa, Social y Humanista,
1(1), 38-52. https://doi.org/10.64325/6mw2cn38
Autor de correspondencia:
edison.carangui@docentes.educacion.edu.ec
Copyright: © 2024 Brittany Yajaira Paucar Roble y Bryan Alexander Sarango Quezada; Este es un artículo de acceso
abierto distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0
Internacional (CC BY 4.0)
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RESUMEN
El ciberacoso constituye una problemática creciente en los entornos educativos latinoamericanos, con
repercusiones significativas sobre la salud mental y el rendimiento académico de los adolescentes. La
presente investigación examina la relación entre la regulación emocional y la prevalencia del ciberacoso
en unidades educativas del Distrito Metropolitano de Quito, Ecuador. Se empleó un diseño cuantitativo,
no experimental, de tipo descriptivo-correlacional y corte transversal. La muestra estuvo conformada
por 423 estudiantes (53,4% mujeres; 46,6% hombres) con edades comprendidas entre los 12 y 17 años (M
= 14,6; DT = 1,49), seleccionados mediante muestreo estratificado proporcional de seis unidades
educativas fiscales y particulares de la ciudad de Quito. Se aplicaron el Cuestionario Europeo de
Ciberacoso Interpersonal para Adolescentes (ECIPQ), la Escala de Dificultades en la Regulación Emocional
(DERS) y el Cuestionario de Regulación Emocional (ERQ). Los resultados revelan que el 34,5% de los
estudiantes ha sido víctima de alguna forma de ciberacoso durante el último año, mientras que el 18,2%
ha ejercido conductas agresivas en entornos digitales. Se encontraron correlaciones negativas
significativas entre la regulación emocional adaptativa y las puntuaciones de victimización por ciberacoso
(r = -0,47; p < 0,001). El análisis de regresión múltiple indicó que las estrategias de regulación emocional
predicen significativamente tanto la victimización (β = -0,38; p < 0,001) como la agresión cibernética (β
= -0,29; p < 0,001). Se discuten implicaciones para el diseño de programas de intervención socioemocional
en el contexto educativo ecuatoriano.
PALABRAS CLAVE: regulación emocional, ciberacoso, adolescentes, inteligencia emocional, prevención
escolar.
ABSTRACT
Cyberbullying represents a growing problem in Latin American educational settings, with significant
repercussions on the mental health and academic performance of adolescents. This research examines
the relationship between emotional regulation and the prevalence of cyberbullying in educational units
of the Metropolitan District of Quito, Ecuador. A quantitative, non-experimental, descriptive-
correlational, cross-sectional design was employed. The sample consisted of 423 students (53.4% female;
46.6% male), aged between 12 and 17 years (M = 14.6; SD = 1.49), selected through proportional stratified
sampling from six public and private educational units in Quito. The European Cyberbullying Intervention
Project Questionnaire (ECIPQ), the Difficulties in Emotion Regulation Scale (DERS), and the Emotion
Regulation Questionnaire (ERQ) were applied. Results reveal that 34.5% of students have been victims of
some form of cyberbullying during the past year, while 18.2% have engaged in aggressive behaviors in
digital environments. Significant negative correlations were found between adaptive emotional
regulation and cyberbullying victimization scores (r = -0.47; p < 0.001). Multiple regression analysis
indicated that emotional regulation strategies significantly predict both victimization (β = -0.38; p <
0.001) and cyberbullying aggression (β = -0.29; p < 0.001). Implications for the design of socio-emotional
intervention programs in the Ecuadorian educational context are discussed.
KEYWORDS: emotional regulation, cyberbullying, adolescents, emotional intelligence, school
prevention.
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INTRODUCCIÓN
El uso masivo de dispositivos tecnológicos y plataformas digitales en la población
adolescente ha transformado profundamente las dinámicas de socialización en el
contexto escolar. Si bien estas herramientas ofrecen oportunidades de aprendizaje y
comunicación sin precedentes, también han generado nuevos escenarios de riesgo,
entre los que destaca el ciberacoso o cyberbullying. Tokunaga (2010) define este
fenómeno como cualquier comportamiento ejecutado a través de medios electrónicos
por individuos o grupos que transmiten de manera repetida mensajes hostiles o
agresivos con la intención de causar daño a otras personas. Esta conceptualización ha
sido ampliamente adoptada en la literatura científica internacional y distingue al
ciberacoso de las formas tradicionales de acoso escolar por sus características
específicas: la potencial anonimidad del agresor, la ausencia de límites espacio-
temporales, la permanencia del contenido en la red y la facilidad para alcanzar a una
audiencia masiva (Smith et al., 2008).
A nivel mundial, las investigaciones señalan tasas de prevalencia que oscilan entre el
20% y el 40% de los adolescentes escolarizados, dependiendo de la definición
operacional empleada y del contexto cultural del estudio (Kowalski et al., 2014).
Olweus (2013) destaca que, aunque el ciberacoso comparte elementos estructurales
con el acoso tradicional intencionalidad, repetición y desequilibrio de poder, sus
consecuencias psicológicas pueden ser especialmente severas dada la dificultad para
escapar de la agresión en entornos virtuales. Hinduja y Patchin (2010) documentaron
que los adolescentes víctimas de ciberacoso presentan tasas significativamente más
elevadas de ideación suicida, depresión y ansiedad en comparación con sus pares no
victimizados, subrayando la gravedad del fenómeno desde una perspectiva de salud
pública. Gini y Pozzoli (2009), a través de un metaanálisis, confirmaron que la
asociación entre el acoso y los problemas psicosomáticos es robusta y consistente entre
distintos contextos culturales.
En América Latina, los datos disponibles son aún limitados, aunque informes de
organismos internacionales confirman que la región no es ajena a esta problemática.
En Ecuador, el uso de internet y redes sociales entre adolescentes de 12 a 17 años
supera el 70%, configurando un contexto propicio para la materialización de conductas
de ciberacoso. Estudios previos realizados en países de la región revelan que entre el
25% y el 38% de los estudiantes de educación básica superior y bachillerato reporta
haber experimentado al menos una forma de agresión digital (Varela et al., 2009),
situando al ciberacoso como prioridad de intervención en los sistemas educativos
latinoamericanos.
Desde la perspectiva teórica, la regulación emocional emerge como un factor de
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protección central. Gross (1998) la concibe como el conjunto de procesos mediante los
cuales los individuos influyen sobre las emociones que experimentan, cuándo las
experimentan y mo las expresan. Esta capacidad, que abarca estrategias tanto
cognitivas como conductuales, determinará la forma en que los adolescentes afrontan
las situaciones de victimización digital y regulan sus propias conductas en entornos en
línea. Gross y John (2003) identificaron dos estrategias fundamentales: la reevaluación
cognitiva reinterpretar el significado de una situación para modificar su impacto
emocional y la supresión expresiva inhibir la expresión de una emoción ya generada. La
primera ha sido consistentemente asociada con mejores resultados de ajuste
psicológico y social, mientras que la segunda se vincula con mayor malestar y
dificultades interpersonales. En consonancia, Gross (2015) señala que la reevaluación
cognitiva opera principalmente en los estadios tempranos del proceso de generación
emocional, lo que la convierte en una estrategia especialmente eficaz para prevenir
tanto el sufrimiento de la víctima como la escalada agresiva del perpetrador en
contextos digitales.
Thompson (1994) subraya que la regulación emocional no solo implica la reducción de
emociones negativas, sino también el mantenimiento, el incremento o la modulación
de cualquier estado emocional en función de los objetivos del individuo. En el contexto
del ciberacoso, una regulación emocional deficitaria puede tanto aumentar la
vulnerabilidad frente a la victimización al carecer de herramientas para procesar
adecuadamente las agresiones recibidas como incrementar la probabilidad de emitir
conductas agresivas en línea (Calvete et al., 2010). Eisenberg y Spinrad (2004) destacan
que las dificultades en regulación emocional durante la adolescencia se asocian con
problemas de conducta externalizante, que incluyen la agresión dirigida hacia otros
mediante dispositivos tecnológicos.
El modelo de aprendizaje social de Bandura (2001) complementa este marco al señalar
que los comportamientos agresivos incluidos los ciberagresivos son el resultado parcial
de procesos de modelado y de la valoración que el individuo hace de su propia eficacia
para manejar conflictos interpersonales. Un adolescente con escasas habilidades de
regulación emocional puede percibirse como incapaz de resolver conflictos de forma
prosocial, recurriendo a estrategias agresivas mediadas por la tecnología. Esta
perspectiva es coherente con los planteamientos de Mayer y Salovey (1993), quienes
señalaban que la inteligencia emocional incluyendo la regulación emocional como
componente nuclear actúa como determinante del comportamiento social adaptativo y
su desarrollo constituye un objetivo formativo esencial en la educación secundaria.
Las investigaciones sobre programas de intervención que integran el entrenamiento en
competencias socioemocionales muestran resultados prometedores. Del Rey et al.
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(2012) evaluaron el programa ConRed, diseñado para mejorar la gestión del uso de las
TIC en el contexto escolar, obteniendo reducciones significativas en la frecuencia de
victimización y agresión digital tras su implementación. Garaigordobil y Martínez-
Valderrey (2014) demostraron la eficacia del Cyberprogram 2.0 para reducir la
implicación en el ciberacoso a través del entrenamiento sistemático en habilidades
sociales y regulación emocional. Por su parte, Extremera y Fernández-Berrocal (2004)
argumentan que el desarrollo de competencias emocionales en el ámbito escolar
favorece el ajuste psicosocial del alumnado y reduce la incidencia de conductas
disruptivas, lo que incluye las mediadas tecnológicamente.
A pesar del creciente cuerpo de investigación internacional, los estudios que abordan
la relación entre regulación emocional y ciberacoso en el contexto educativo
ecuatoriano son escasos. Esta brecha resulta especialmente relevante considerando que
los patrones culturales, los sistemas de valores y las características del sistema
educativo pueden modular la expresión y el manejo del ciberacoso. La presente
investigación busca contribuir al conocimiento de esta realidad en el Distrito
Metropolitano de Quito, con el propósito de generar evidencia local que oriente el
diseño de políticas y programas de prevención adaptados al contexto nacional.
El objetivo general del estudio consiste en analizar la relación entre la regulación
emocional y la prevalencia del ciberacoso en estudiantes de unidades educativas de la
ciudad de Quito. Los objetivos específicos son: (1) determinar la prevalencia de
victimización y agresión por ciberacoso en la muestra; (2) describir los niveles de
regulación emocional de los participantes; (3) analizar la relación entre las estrategias
de regulación emocional y las conductas de ciberacoso; y (4) identificar las variables
socioemocionales que predicen la victimización y la agresión cibernética.
METODOLOGÍA
Diseño de investigación
Se empleó un diseño cuantitativo, no experimental, de tipo descriptivo-correlacional y
corte transversal. Este enfoque resulta adecuado para determinar la prevalencia de
variables psicosociales y establecer asociaciones estadísticas entre ellas sin
manipulación experimental de las condiciones de estudio, siendo coherente con los
objetivos planteados.
Participantes
La muestra estuvo conformada por 423 estudiantes de educación básica superior y
bachillerato (8.º grado a 3.er año de bachillerato) de seis unidades educativas del
Distrito Metropolitano de Quito, distribuidas en tres parroquias urbanas: Iñaquito, La
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Magdalena y Cotocollao. Se incluyeron tres instituciones de sostenimiento fiscal y tres
de sostenimiento particular, con el fin de garantizar la representatividad
socioeconómica de la muestra. La selección de los centros se realizó mediante muestreo
aleatorio simple entre las instituciones que aceptaron participar, y la elección de los
participantes dentro de cada centro siguió un muestreo estratificado proporcional por
grado y género. Los criterios de inclusión fueron: (a) tener entre 12 y 17 años; (b) estar
matriculado en los grados señalados durante el período lectivo 2023-2024; y (c) contar
con el consentimiento informado del representante legal y el asentimiento propio. Se
excluyeron estudiantes con necesidades educativas especiales que pudieran interferir
con la comprensión de los instrumentos. La distribución de género fue 53,4% mujeres
(n = 226) y 46,6% hombres (n = 197), con una edad media de 14,6 años (DT = 1,49). El
62,4% de los participantes pertenecía a instituciones fiscales y el 37,6% a instituciones
particulares.
Instrumentos
Cuestionario Europeo de Ciberacoso Interpersonal para Adolescentes (ECIPQ).
Desarrollado y validado por Ortega-Ruiz et al. (2016), evalúa la frecuencia de conductas
de ciberacoso tanto en la posición de víctima como de agresor durante los últimos dos
meses. Consta de 22 ítems distribuidos en dos subescalas (11 de victimización y 11 de
agresión), con formato de respuesta Likert de 5 puntos (0 = nunca; 4 = siempre). La
consistencia interna reportada en su validación española oscila entre α = 0,81 y α =
0,89.
Escala de Dificultades en la Regulación Emocional (DERS). Se utilizó la versión española
de la Difficulties in Emotion Regulation Scale. Esta escala de 28 ítems evalúa seis
dimensiones: no aceptación de respuestas emocionales, dificultades para emprender
conductas dirigidas a metas, dificultades para controlar impulsos, falta de conciencia
emocional, acceso limitado a estrategias de regulación y falta de claridad emocional.
El formato de respuesta es Likert de 5 puntos (1 = casi nunca; 5 = casi siempre). En la
presente muestra se obtuvo α = 0,91 para la puntuación total.
Cuestionario de Regulación Emocional (ERQ). Se utilizó la versión española del Emotion
Regulation Questionnaire de Gross y John (2003), que evalúa el uso habitual de
reevaluación cognitiva (6 ítems) y supresión expresiva (4 ítems) mediante escala Likert
de 7 puntos. Se obtuvieron coeficientes alfa de α = 0,82 para reevaluación cognitiva y
α = 0,75 para supresión expresiva. Adicionalmente, se administró un cuestionario
sociodemográfico que recogió información sobre edad, género, grado escolar, tipo de
institución, frecuencia de uso de internet y dispositivos más utilizados para acceder a
redes sociales.
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Procedimiento y análisis estadístico
Previo al trabajo de campo, se obtuvo la aprobación del Comité de Ética de
Investigación de la Universidad Central del Ecuador (Resolución CEI-2023-048) y la
autorización del Ministerio de Educación, Zona 9. Los representantes legales firmaron
el consentimiento informado y los estudiantes el asentimiento correspondiente. Las
baterías de instrumentos se administraron de forma colectiva en el aula, durante el
horario habitual de clases, garantizando la confidencialidad de las respuestas. La
aplicación tuvo una duración aproximada de 35 minutos. Los datos se analizaron con
IBM SPSS Statistics v.26.0. Se calcularon estadísticos descriptivos y se evaluó la
normalidad mediante la prueba de Kolmogorov-Smirnov. Para el análisis de relaciones
entre variables continuas se utilizó el coeficiente r de Pearson; la capacidad predictiva
de las variables de regulación emocional sobre las conductas de ciberacoso se evaluó
mediante regresión lineal múltiple con el método de pasos sucesivos. Se estableció p <
0,05 como nivel de significación.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Prevalencia del ciberacoso
El análisis descriptivo revela que el 34,5% de los participantes (n = 146) informó haber
sido víctima de al menos una conducta de ciberacoso durante los últimos doce meses.
De este porcentaje, el 12,3% (n = 52) reportó victimización de alta frecuencia (varias
veces a la semana o cada día). En cuanto a las conductas de agresión digital, el 18,2%
de los estudiantes (n = 77) reconoció haber perpetrado actos de ciberacoso en el último
año, siendo el 6,4% (n = 27) agresores frecuentes. La Tabla 1 recoge las estadísticas
descriptivas de las principales variables del estudio.
Tabla 1. Estadísticos descriptivos de las variables principales (N = 423)
Variable
M
DT
Mín.
Máx.
α
Victimización ciberacoso (ECIPQ)
0,84
0,93
0,00
4,00
0,87
Agresión cibernética (ECIPQ)
0,41
0,72
0,00
3,82
0,83
Dificultades reg. emocional (DERS)
65,3
13,8
28
120
0,91
Reevaluación cognitiva (ERQ)
4,52
1,16
1,00
7,00
0,82
Supresión expresiva (ERQ)
3,18
1,23
1,00
7,00
0,75
Nota. M = media; DT = desviación típica; α = alfa de Cronbach. ECIPQ = Cuestionario Europeo de
Ciberacoso Interpersonal; DERS = Escala de Dificultades en Regulación Emocional; ERQ = Cuestionario
de Regulación Emocional.
Las formas más prevalentes de victimización fueron: la recepción de mensajes ofensivos
o insultantes a través de aplicaciones de mensajería instantánea (22,7%), la difusión de
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rumores o información falsa en redes sociales (18,4%), la exclusión deliberada de grupos
en línea (14,9%) y la publicación de fotografías o vídeos sin consentimiento (11,3%). En
cuanto a las diferencias de género, los varones reportaron mayores tasas de agresión
cibernética (22,3% vs. 14,6%; χ²(1) = 5,41; p = 0,020), mientras que las mujeres
presentaron tasas más elevadas de victimización relacional, como la exclusión de
grupos y la difusión de rumores, resultado coherente con la literatura previa
(Garaigordobil, 2015; Calvete et al., 2010).
Estos datos son comparables con los reportados en estudios realizados en España y otros
países hispanohablantes. Garaigordobil y Martínez-Valderrey (2014) señalan tasas de
victimización de entre el 26% y el 38% en población adolescente española, situando los
resultados obtenidos en Quito dentro de un rango epidemiológicamente plausible.
Asimismo, Slonje y Smith (2008) documentaron tasas de victimización del 23% en una
muestra sueca, lo que sugiere que, en contextos con mayor penetración tecnológica,
las tasas pueden ser aún superiores. Del mismo modo, Buelga et al. (2012) encontraron
prevalencias similares en adolescentes valencianos, indicando que el ciberacoso
trasciende las fronteras nacionales y culturales, y subrayando su carácter de
problemática global que requiere respuestas educativas sistemáticas.
Niveles de regulación emocional
Respecto a las dificultades en regulación emocional medidas con la DERS, el 38,5% de
los participantes obtuvo puntuaciones que indican dificultades moderadas o severas en
al menos dos de las seis dimensiones evaluadas. Las subescalas con mayores
puntuaciones medias fueron la falta de acceso a estrategias de regulación (M = 2,87;
DT = 0,94) y las dificultades para controlar los impulsos ante emociones negativas (M =
2,79; DT = 0,91). La dimensión de conciencia emocional mostró las puntuaciones más
bajas (M = 2,34; DT = 0,88), lo que indica que este aspecto representa una relativa
fortaleza en la muestra. En cuanto a las estrategias evaluadas con el ERQ, el uso de la
reevaluación cognitiva (M = 4,52; DT = 1,16) fue significativamente mayor que el de la
supresión expresiva (M = 3,18; DT = 1,23; t(422) = 11,27; p < 0,001). No obstante, el
31,4% de los participantes mostró un patrón caracterizado por el uso predominante de
la supresión expresiva, lo que según Gross y John (2003) se asocia con mayor malestar
emocional y peores resultados interpersonales a largo plazo.
Estos hallazgos son consistentes con lo documentado por Thompson (1994), quien señala
que durante la adolescencia las habilidades de regulación emocional aún están en
proceso de maduración, especialmente en lo relativo al control inhibitorio y al acceso
flexible a estrategias adaptativas. Compas et al. (2014) confirman que las diferencias
individuales en regulación emocional durante la adolescencia predicen el ajuste
psicosocial a largo plazo, subrayando la importancia de intervenir tempranamente en
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el desarrollo de estas competencias dentro del contexto escolar. Fernández-Berrocal
et al. (2004) señalan que la capacidad para reconocer y regular las emociones propias
está estrechamente vinculada al ajuste interpersonal y a la reducción de
comportamientos antisociales en contextos educativos.
Relación entre regulación emocional y ciberacoso
El análisis de correlaciones de Pearson evidenció relaciones estadísticamente
significativas entre las puntuaciones de regulación emocional y las conductas de
ciberacoso (Tabla 2). La puntuación total en la DERS correlacionó positivamente con la
victimización por ciberacoso (r = 0,47; p < 0,001) y con la agresión cibernética (r = 0,38;
p < 0,001), indicando que mayores dificultades en regulación emocional se asocian con
mayor implicación en el ciberacoso en ambos roles. A nivel de estrategias específicas,
el uso de la reevaluación cognitiva correlacionó de forma negativa y significativa con la
victimización (r = -0,39; p < 0,001) y con la agresión cibernética (r = -0,29; p < 0,001).
En contraste, la supresión expresiva mostró correlaciones positivas con ambas variables
(victimización: r = 0,31; p < 0,001; agresión: r = 0,26; p < 0,001).
Tabla 2 Matriz de correlaciones entre las variables principales
1
2
3
4
0,54***
0,47***
0,38***
-0,39***
-0,29***
-0,46***
0,31***
0,26***
0,42***
-0,28***
Nota. DERS = Escala de Dificultades en Regulación Emocional; ERQ = Cuestionario de Regulación
Emocional. ***p < 0,001.
El análisis de regresión múltiple confirma el valor predictivo de las variables de
regulación emocional. El modelo final para victimización incluyó la puntuación total en
la DERS = 0,38; t = 7,92; p < 0,001), el uso de supresión expresiva (β = 0,19; t = 3,87;
p < 0,001) y el uso de reevaluación cognitiva = -0,21; t = -4,23; p < 0,001), explicando
en conjunto el 31,4% de la varianza (R² ajustado = 0,314; F(3, 419) = 65,28; p < 0,001).
Para la agresión cibernética, el modelo resultante (R² ajustado = 0,218; F(3, 419) =
39,41; p < 0,001) incluyó la puntuación total DERS = 0,29; t = 5,71; p < 0,001) y el
género masculino como variable de control = 0,18; t = 3,76; p < 0,001). A nivel de
subescalas, las dimensiones de dificultades para controlar impulsos = 0,28; p < 0,001)
y falta de acceso a estrategias de regulación = 0,24; p < 0,001) fueron los predictores
más robustos de la agresión cibernética.
Estos resultados son coherentes con los hallazgos de Calvete et al. (2010), quienes
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identificaron que las dificultades para regular las emociones negativas constituyen un
predictor significativo de la agresión cibernética en adolescentes españoles. Hinduja y
Patchin (2010) señalaron, en la misma línea, que los adolescentes con mayor
inestabilidad emocional presentan tasas más elevadas tanto de victimización como de
agresión en línea. Desde el marco teórico de Gross (1998), estos datos apoyan la
hipótesis de que la reevaluación cognitiva funciona como factor de protección frente al
ciberacoso al facilitar la interpretación de las interacciones digitales potencialmente
amenazantes de manera menos perturbadora. Eisenberg y Spinrad (2004) corroboran
que la regulación emocional adaptativa actúa como amortiguador frente a los
estresores sociales en la adolescencia, incluidos los de naturaleza digital. Los resultados
son también congruentes con los planteamientos de Bandura (2001) sobre la eficacia
personal como mediador entre la regulación emocional y el comportamiento social.
Diferencias según el tipo de institución y la frecuencia de uso de internet
Los estudiantes de instituciones fiscales reportaron tasas de victimización ligeramente
superiores (36,8%) en comparación con los de instituciones particulares (30,9%), aunque
la diferencia no alcanzó significación estadística (χ²(1) = 1,97; p = 0,160). En contraste,
las dificultades de regulación emocional mostraron diferencias significativas en
función del tipo de institución, con mayores puntuaciones en la DERS en los estudiantes
de centros fiscales (M = 68,4; DT = 14,2 vs. M = 63,7; DT = 12,8; t(421) = 3,29; p =
0,001), lo que podría relacionarse con las diferencias en los recursos psicosociales
disponibles en ambos contextos. Ortega-Barón et al. (2016) señalan que el clima escolar
y familiar modula la experiencia de ciberacoso, de modo que los entornos con menor
disponibilidad de apoyo socioemocional incrementan la vulnerabilidad de los
adolescentes. Cerezo et al. (2015) destacan asimismo que los factores contextuales
incluido el tipo de institución y los estilos educativos predominantes actúan como
moduladores de la dinámica del acoso entre pares.
Respecto a la frecuencia de uso de internet, los estudiantes que utilizan internet más
de cuatro horas diarias presentaron tasas de victimización significativamente más
elevadas (42,3%) que aquellos con un uso de entre dos y cuatro horas (31,5%) o menos
de dos horas (21,8%; χ²(2) = 10,47; p = 0,005). Este resultado es coherente con lo
reportado por Patchin e Hinduja (2006) y Slonje y Smith (2008), quienes identificaron
que la mayor exposición a entornos digitales incrementa la probabilidad de
experimentar situaciones de ciberacoso. No obstante, la relación entre tiempo de uso
de internet y ciberacoso está mediada por las habilidades de regulación emocional y las
competencias digitales, subrayando la importancia de intervenir sobre ambas
dimensiones de manera integrada.
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Implicaciones para la intervención en el contexto educativo ecuatoriano
Los hallazgos del estudio tienen implicaciones directas para el diseño e implementación
de programas de prevención en las unidades educativas de Quito. La elevada
prevalencia de ciberacoso detectada justifica la urgencia de incorporar estrategias de
prevención específicas en el currículo educativo y en los planes de convivencia escolar.
La relación establecida entre regulación emocional y ciberacoso sugiere que los
programas de intervención deben incluir de manera sistemática el entrenamiento en
competencias socioemocionales, especialmente en estrategias de reevaluación
cognitiva y control inhibitorio, coherentemente con las evidencias de Compas et al.
(2014) sobre los beneficios del entrenamiento en regulación emocional durante la
adolescencia.
El programa ConRed (Del Rey et al., 2012) y el Cyberprogram 2.0 (Garaigordobil &
Martínez-Valderrey, 2014) ofrecen modelos validados que podrían adaptarse al contexto
quiteño. Ambos programas combinan la alfabetización digital con el entrenamiento en
habilidades socioemocionales y han demostrado reducir significativamente las
conductas de ciberacoso. Su implementación en Ecuador requeriría la formación de
docentes y orientadores, la coordinación con los Departamentos de Consejería
Estudiantil (DECE) y la implicación activa de las familias. Cerezo et al. (2015) subrayan
que la combinación de intervenciones a nivel individual, escolar y familiar produce los
mejores resultados en la reducción del acoso y el ciberacoso, orientando el diseño de
futuros programas hacia un modelo ecológico e integrado.
CONCLUSIONES
El presente estudio aporta evidencia empírica sobre la prevalencia del ciberacoso y su
relación con la regulación emocional en unidades educativas del Distrito Metropolitano
de Quito, Ecuador, contribuyendo a llenar un vacío relevante en la investigación
psicoeducativa latinoamericana.
En primer lugar, el ciberacoso es un fenómeno de alta prevalencia en el contexto
educativo quiteño: aproximadamente un tercio de los estudiantes estuvo involucrado
en situaciones de victimización digital durante el último año, con una tasa comparable
a la reportada en estudios de referencia internacionales. Esto indica que el ciberacoso
no es exclusivo de contextos con mayor desarrollo tecnológico, sino una problemática
transversal al desarrollo adolescente contemporáneo vinculada al acceso generalizado
a dispositivos digitales y plataformas sociales.
En segundo lugar, la regulación emocional se confirma como un factor de protección
significativo frente al ciberacoso, tanto en el rol de víctima como de agresor. Los
adolescentes que emplean habitualmente la reevaluación cognitiva presentan menor
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probabilidad de verse involucrados en situaciones de ciberacoso, en línea con los
postulados teóricos de Gross (1998) y Gross y John (2003) y con la evidencia empírica
acumulada en la literatura internacional.
En tercer lugar, las dificultades en regulación emocional, medidas de forma
multidimensional, son predictores significativos tanto de la victimización como de la
agresión en entornos digitales. Las dimensiones de dificultad para controlar impulsos y
falta de acceso a estrategias de regulación emergen como los predictores más potentes
de la agresión cibernética, señalando objetivos prioritarios de intervención en los
programas de orientación escolar. En cuarto lugar, los hallazgos subrayan la necesidad
de incorporar el desarrollo de competencias socioemocionales como eje transversal en
los programas de prevención del ciberacoso, con especial atención a la formación de
docentes, la coordinación de los DECE y la implicación de las familias.
Entre las limitaciones del estudio se señala su diseño transversal, que impide establecer
relaciones de causalidad entre las variables analizadas. El uso exclusivo de medidas de
autoinforme puede introducir sesgos de deseabilidad social, especialmente en las
conductas de agresión cibernética. La muestra se circunscribe al Distrito Metropolitano
de Quito, por lo que los resultados deben interpretarse con cautela antes de
generalizarse a otras realidades del sistema educativo ecuatoriano. Investigaciones
futuras deberían explorar estos procesos mediante diseños longitudinales, ampliar la
muestra a otras regiones del país y evaluar la eficacia de programas de intervención
socioemocional adaptados al contexto educativo ecuatoriano, incluyendo indicadores
de impacto sobre el clima escolar y el bienestar psicológico de los estudiantes.
Didaxis. Revista Educativa, Social y Humanista
e-ISSN: 3121-3006
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